Susana Pérez Barrera

Viaje Interior

SUSANA PÉREZ BARRERA

“No soy nada si no soy,

nada.

Ni el viento, la lluvia,

ni el oso, el brezo o la amapola,

no soy roja,

ni azul, ni blanca,

y aún así lo soy dentro de mí.

 

“Una muerta por morir,

y días que se resisten como tornillos apretados”

De esta tinta hace dos años.

 

Cuando llegué a clase por primera vez vi a un hombre serio, fuerte, de carácter (como se suele decir), con ojos de mirar profundo, miraba y miraba. Ví un alma, venía hacia mí, a corregirme. Yo inmensamente pequeña, él inmensamente grande, cada pisada suya era un mundo mío. Presencia, luego lo supe, con el paso de los meses.

Presencia, ¡qué palabra!, ¿verdad?…

Por cierto, presencia y verdad puede que sean lo mismo.

 

Eso queda en el ayer, muy vivo en mí,

unos pasos que siempre se acercan.

 

Algo quebró y algo resucitó.

Lloro y río

porque siento a través de mis dedos y mis invisibles

porque sé lo que habito, lo que piso,

ahora me levanto.

Ahora pequeña y grande a la vez.

Ahora soy yo quien corrige,

me corrijo dulcemente a mí, o me acepto así,

o lo dejo pasar,

me alcanzo con los brazos para hallar mi respeto.

Observo qué soy, quién soy, qué quiero.

 

Hoy me desvanezco en un vaivén de sentires,

me consumo viva

me calmo,

admiro una flor, unos ojos, contemplo

me calmo,

me quemo incluso en agua

me calmo,

planto mi mano sobre mí para…

para parar y percibir cómo lato,

cómo late lo externo.

 

Observo

 

Todo es lento,

lo lento que yo quiero.

Las prisas de mi enemistad conmigo tuvieron que marcharse,

ya no encontraban comodidad en mí,

me convertí en la incomodidad para lo que no soy.

 

Lo que percibí como verdad

se derritió por tanto respirar.

Inhalar y exhalar porque en ello va la vida,

la clave de todo en respirar.

Pero…

¿es que no respirabas Susana?…

no, lo único que hacía era consumir aire.

Respirar es ser consciente,

siendo consciente de que me expando,

consciente de que comparto un espacio, un tiempo, una materia espiritual sagrada,

una unidad con todo,

con todos,

iguales,

inhalar lo creado hacia mí y hacia ti, y llenarme hasta los tuétanos

para exhalar lo que soy,

y humildemente

mi espacio, mi tiempo, mi lugar,

quedan de nuevo fuera y dentro de mí,

mi materia repleta de espíritu para hacerme uno de nuevo,

lo mío que antes fue tuyo,

que constantemente es tuyo y mío.

 

Respirar y vivir es lo mismo,

la música que existe en cada movimiento, en todo, es lo mismo,

observar mi postura (mi asana), sentirla en el mundo, es lo mismo,

estar atenta es lo mismo,

presenciar,

palpar

el presente, con su aquí y ahora

y nada más, es lo mismo.

Las olas acunando a la tierra

una y otra vez al atardecer,

renovando por primera vez,

es lo mismo.

Río, lloro, acaricio, verbalizo, silencio

ya no soy la misma,

o quizás quiero decir…

soy la misma que fui en el comienzo de todo,

ahora que me hago consciente,

ahora que siento.

Sonrío,

las comisuras de mis labios rosados con su carmín, en algo de blanco y una pizquita de azul, blanditos, alegres, llenos de luz, brillantes y vibrantes, disfrutan y me advierten de que ya no hay marcha atrás, que ya no quiero volver al sufrimiento, era sólo fantasía, un espejismo ciego.

 

¿No hay esquinas en mí?

Sí, aún quedan esquinas en mí

pero me miro, intento darles luz,

y las aristas desaparecen,

ya no tienen importancia,

y así se disipan, en rendición.

Y vienen otras, al tiempo

quizás más, pero pierden su fuerza

o yo me abandono ante ellas y… ¡ya no están!

así vienen otras, al tiempo…

 

Soy vacío que se vuelve a llenar

soy la relatividad de todo,

soy lo que creo como vida,

mi cuerpo me lo advierte.

Y en realidad, sólo soy espíritu

en un templo, con mil puertas,

y una sola verdad.

La materia, la llama de ese espíritu,

el AMOR,

y como amor, la comprensión.

La guía,

un yugo que domestica mi cuerpo, silenciando mi mente

destapando mi yo.

Tomar el cuerpo como excusa,

como silla de cabalgar

y como lectura.

Deshacer en el cuerpo para desaprender.

 

La vida es un sol radiante

luz viva, calor,

sólo las nubes lo tapan,

sólo la lluvia lava la cara del cielo

y todo pasa…

un cambio constante,

nuevo.

La vida es una noche iluminada.

Hubo una niña en mí hace muchos años o quizás pocos (la relatividad), la misma que ahora, no se fue, esa pequeña persona (unos cuatro años) observaba, y contemplaba un mundo al revés. No le gustaba lo que veía porque no era coherente, no sentía la unidad, y aún así intuía que ésta existía (con esa edad la llamaba de otra forma, y tenía miedo, lloraba, no valía nada, y también palpitaba de amor, eran preciosos los árboles, los animales, las plantas, los cantos, el color…), algo no estaba funcionando o mentían, era muy consciente.

Siempre el mal estaba en los demás y siempre sentía miedo.

La furia en los demás, la ira. La causa.

Desde entonces comenzó una búsqueda incansable, persistente, con una fe callada, hierro, viendo señales a cada paso, fluyendo con ellas y también derrumbándose en la oscuridad, en una ceguera que parecía ¿protegerle?. Pudo caer por completo y no quiso, sabía que llegaría el momento en el que encontraría el orden en tanto caos, la unidad que amasa las partes, que las vuelve pegajosas hasta confundirlas, y volver al TODO, a la paz y la caricia de una gota de agua.

Hoy, ahora, voy gateando y feliz, porque he hallado una senda, me lleva a mí, esa era mi búsqueda.

El camino del amor que estaba y está en mí.

Eso es yoga, el hallazgo de la consciencia en el espíritu, la vuelta a la UNIDAD, al origen, al UNO.

 

Caminando encontré miles de abrazos, amaneceres, regalos, como los de mis compañeros de formación, y mis profesores, en ellos el AMOR, la alegría, la sabiduría, el ir de la mano al sonar de la brisa y la tempestad, el aprendizaje, el reencuentro. Sin ellos nada, otros horizontes quizás, áridos me parecen después de haber rozado tanta dulzura, tanto bien. Sin ellos… no quiero imaginar…

Por cierto, aquel hombre del que hablé al principio, se llama Carlos Serratacó, un ser bailón, que imita a los pájaros y es amigo del color de lo desapercibido. A veces aparece como un fantasma, SILENCIO, eso fundamentalmente es yoga. Fundamentalmente son muchas cosas, para volver sólo a una.

 

Eso ha supuesto el yoga en mí,

habitarme,

respirarme,

reír, bailar en todo,

bañarme en color,

perfumarme de luna.

Fluir, coser la vida con hilos sagrados.

Yo soy la causa y la rendición.

MIL GRACIAS VIDA “

 

Susana Pérez Barrera