María Terrada Abril


Viaje Interior

MARÍA TERRADA ABRIL

El viaje interior ha sido el más emocionante de todos lo que he realizado a lo largo de mi vida.

 

Lo denomino “La aventura de conocerse a uno mismo”.

 

Desde que cumplí los 18 años hasta hoy he conocido muchas partes del mundo, he sido una viajera en busca de emociones, vivencias, respuestas, experiencias…
Cada uno de los viajes plantó en mí semillas, semillas que a lo largo del tiempo fueron floreciendo en forma de madurez, conocimiento, y puntos de vista diferentes ante la vida.

 

Desde que tengo uso de razón me considero una persona optimista, capaz de extraer de cada situación el lado positivo y obtener un aprendizaje, una persona con mucha sensibilidad, pero hasta que no me adentré en el sendero del Yoga no me di cuenta de un hecho muy importante y revelador, hasta eses instante había estado buscando respuestas fuera, en lugares, en personas, en libros…. El Yoga me tendió su mano y me arrojó al interior de mi. Fui descubriendo el silencio, observando la oscuridad, buscando la luz, y entendiendo que en el silencio comienza todo, que la oscuridad me hace fuerte para aceptar y afrontar mis miedos, y que despojándome de egos y apegos dejo atrás capas que envuelven el diamante que albergamos en nuestro interior, nuestra luz.

 

El yoga me ha enseñado que todo surge, nace, empieza…dentro de mí, y que somos lo que vibramos, sentimos, somos lo que alimentamos.

 

He aprendido a observarme en otras personas, a comprenderme y a comprender más.

 

A poner nombre a aquello que sucede dentro de mí, y que me tambalea.

 

A mirarme y mirar sin tantos prejuicios.

 

A actuar y a ocuparme, en vez de preocuparme.

 

El Yoga me ha mostrado herramientas para ser más consciente de lo que siento, y por tanto para vivir más momentos de felicidad. Herramientas que estaban dentro de mí, y que nunca vi. Como por ejemplo utilizar la respiración como ancla, y así volver al momento presente, La observación, y plena atención, la aceptación y el abandono. Y a través de cada una de ellas extraje la siguiente conclusión:

 

Todo lo que ocurre, sucede por alguna razón. Descubrí también que la vida es un ciclo, y que cuando esta frase deja de ser una teoría, y se convierte en práctica, la entiendes y aceptas, aprendes a fluir en él, te sientes parte del todo.

 

Otra cosa que he aprendido ha sido a respetar a mi cuerpo, a escucharlo.

 

Desde que practico Yoga mi vida ha cambiado. Antes buscaba la desconexión para conectarme conmigo a través de la Danza o la Naturaleza, ahora además de esto sé que puedo hacerlo cerrando mis ojos, escuchándome en mi silencio.

 

Cada asana me permite reconocerme, reencontrarme y reconciliarme conmigo, sintiéndome y respirándome, vaciándome y llenándome. La meditación aporta cada mañana al despertar, claridad y calma a mi mente.

 

Y el resto del día practico estar consciente, despertando mis sentidos y procurando utilizar los ingredientes Amor e Ilusión en todo lo que hago.

 

Viviendo el presente sin dejarme atrapar por el pasado o arrastrar por el futuro.

 

Fluyendo con lo bueno, y con lo malo, entendiendo que no hay lo uno sin lo otro, aprendiendo de ello. Danzando al ritmo del latir de mi corazón, en constante movimiento, porque el movimiento es vida, y encontrando entre todo, el equilibrio.

 

Y aqui me encuentro, viviendo, sintiendo, amando, aprendiendo y compartiendo.

 

Agradecida a la vida, al yoga y a Carlos Serratacó, mi amigo, confidente y maestro, por enseñarme, guiarme y confiar en mí.

 

Feliz de estar y ser aquí y ahora.

 

Namasté

María Terrada Abril
Año 2015