Un puente es para cruzarlo

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Un puente es para cruzarlo

Un alumno le lleva al maestro su poema, en el cuál dice:
“Una mariposa:
le quito las alas
¡y se vuelve pimiento! “
El maestro le responde:
No, no; eso no es así, déjame corregir tu poema:
“Un pimiento:
le pongo unas alas
¡y se vuelve mariposa!”

Otro aspecto muy interesante y profundo del yoga es que con el paso de los años potencia aquellas cualidades que hay en nosotros, que nos hacen mejores personas, mejores con nosotros y con los demás.
Muchas veces pasamos por la vida más pendientes de aquello que nos destruye, que de aquello que nos permite crecer. Yo puedo vivir por ejemplo en la queja permanente, o también puedo vivir culpabilizando a los demás de todo lo que me ocurre, o puedo vivir en una permanente distracción para huir de estar conmigo un ratito, o encerrarme para huir de mis miedos, o puedo vivir siendo un déspota,  o un ser nada amable, hay tantos modos de vivir…. Realmente uno elige como vivir, pero el fondo del asunto es que muchas veces simplemente no nos damos cuenta como somos, no nos damos cuenta cómo vivimos.
El yoga, su práctica, da luz a lo mejor que somos, por otro lado te permite darte cuenta de otras inercias, digamos más oscuras, y simplemente te permite aceptarlas y verlas, con ello, ya hay un avance importante, surge la oportunidad, el espacio para el equilibrio. Todo ello, como he dicho en más de una ocasión, surge de lo íntimo de lo que eres. Pero esa luz que da, que te muestra lo mejor de lo que eres como persona, que dimensiona lo hermoso del vivir es algo muy hermoso, es poner un sol cada día en tu corazón.
Con ello ya hemos empezado a trazar puentes, pues los puentes se trazan primero dentro de uno mismo, puentes que muestran el camino de lo que soy, puentes para recorrer el camino de mi vida, puentes para aprender a respetarme, para amarme, para cuidarme, puentes para llegar a mi corazón.
En el puente puedo detenerme y observar el paso del río, oír a los pájaros cantar, ver las sombras en el agua, observar sus transparencias, oler los arboles que me rodean.
Aprendo entonces a unir los fragmentos de mi ser, de mi cuerpo, de mi realidad y con los puentes les voy dando unidad. Todo nace de dentro.
Una vez los cimientos son firmes, son estables, son flexibles a las crecidas, a la falta de agua, a la aparición de los diferentes elementos, entonces amplío hacia la vida esta metáfora de los puentes.
Un puente a la vida, un puente al otro, un puente a la amistad, un puente a la entrega, un puente al amor profundo por todos los seres, un puente a lo profundo de tus ojos, un puente a tantas y tantas cosas.
Es maravilloso tender puentes, y reconocer aquello que nos destruye, optar por ser mariposas, tener valor para vivir la vida con felicidad.
Djivan Gasparyan-“The Magic of  Duduk”
 
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Carlos Serratacó
yogaymeditacion@gmail.com
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